YO NO SÉ QUIEN GANARÁ, PERO GARANTIZO QUE SEGUIRÁ HABIENDO PAÍS.

Updated: Nov 9

Escrito en la mañana del sábado 31 de octubre, Año de la Pandemia

A mi no me pregunten. A mi no me pidan pronósticos. Yo no  sé que pasará cuando cuenten los votos. No sé quien ganará o perderá, No sé si las encuestas políticas  resultarán ser acertadas o si habrán estado equivocadas y quedarán desacreditadas, quizás para siempre. Sí les puedo decir esto. Sean cuales fueren los resultados, el país no se viene abajo. 


Conozco gente de un lado y otro que me habla de un futuro distópico si gana aquel o el del bando opuesto. Yo no soy tan pesimista. Y quizás es que conozco un poquito de historia de este país. Lo repito, de ESTE PAÍS. Durante toda esta campaña me ha llamado mucho la atención la ignorancia, la estupidez, la histeria que prevalece entre alguna gente. Y, para que quede claro, hablo de gente de las dos tribus políticas. Y para que quede más claro aún, hablo de unos pocos. Respeto muchísimo a la inmensa mayoría de  mis familiares, mis amigos, mis conocidos y a quienes no conozco que favorecen a uno o el otro bando. Me refiero solo a los histéricos, a los estridentes, a los vulgares, que no son todos, pero que hacen mucho ruido.


Pero sepan que tampoco creo que es que van a funcionar a la perfección las cosas si gana uno o el otro. No. Seguiremos enfrentando desafíos. Pero es que la democracia no es perfecta. Es difícil, la democracia. La democracia es difícil para quienes gobiernan y para quienes son gobernados. Es difícil para quienes ganan y pierden, para quienes ejercen el poder y para quienes hacen oposición. Pero yo no cambio la democracia, sobre todo la de ESTE PAÍS, por ningún otro sistema de gobierno,  y ni siquiera por ninguna otra versión de la democracia que pueda existir en otros países. Y hablo con un mínimo de autoridad, porque he viajado a más de cincuenta países del mundo. Creo que aprendí algo, hablando con múltiples mandatarios alrededor del planeta, algunos de ellos respetables, pero otros tan repugnantes que tuve que hacer esfuerzos sobrehumanos para no vomitarles encima, después de estrellarles un puño en sus asquerosas bocas de donde brotaban tantas mentiras, como si fueran hediondas  aguas negras que salen una cloaca que se desborda.

Pero más importante que mis conversaciones con lideres políticos de todo tipo, hablé con  taxistas, con albañiles, con estudiantes universitarios, con padres de familia decentes y responsables y con madres solteras que se equivocaron al escoger pareja o la muerte les llevó al compañero, y asumieron ellas el papel de leona noble y brava que trajo cachorros al mundo para amarlos y protegerlos a como sea. Y aprendí mucho de esa gente.  Esa es la gente que cuenta. La gente de a pie, la gente que asume con dignidad y coraje esta realidad cuyo significado a veces parece que no llegamos a entender y que llamamos vida. Esa es la gente importante, en el mundo entero y aquí en ESTE PAÍS.

Yo creo firmemente, con fervor religioso, si se quiere, en este maravilloso experimento en democracia, en libertad, en oportunidad,  que se llama Estados Unidos. Fue concebido por hombres cultos, brillantes pensadores, y valientes guerreros, que eran consecuentes con sus ideales y sabían que tenían que poner el pecho, arriesgar la vida y fortuna para ganar la independencia. Pero eran solo hombres, no dioses, y por lo tanto imperfectos y productos de una época en que la humanidad aún tenía un concepto muy limitado de lo que es la igualdad del ser humano, del verdadero  valor de la mujer y de quienes de ambos sexos tienen otro color de piel.

Sí. Aquello que surgió en 1776 estaba plagado de errores y hasta de pecados. Pero yo pienso que era superior a todo lo que se había intentado antes. Y aquellos hombres no quisieron quedar atrapados en su tiempo. Tuvieron visión e idearon una fórmula, un mecanismo,  para ir corrigiendo los errores, para ir ampliando el concepto de lo que son la auténtica libertad y la justicia. Y aquí estamos. Con muchas barreras superadas, con muchos defectos corregidos. Ha sido duro el camino, pero nadie dijo que sería fácil.

Y seguirá siendo así nuestro camino. Difícil. A veces angustioso. Pero vale la pena seguir en la misma dirección. Lo que tenemos es lo mejor que ha existido. Y lo seguiremos mejorando.


Me decía alguien que este es el peor momento de nuestra historia. ¡Que idiotez! ¡Una barrabasada, un simplismo imbécil de alguien que en realidad no conoce y probablemente no le interesa conocer nuestra historia!  Alguien que no sabe ni sabrá de los días aciagos de la Revolución Americana, cuando los independistas parecían estar al borde de una aplastante derrota. Alguien que no sabe de la guerra política a muerte entre John Adams y Thomas Jefferson, apenas recién nacida la República. Alguien que no sabe de las elecciones presidenciales de 1860, cuando siete estados sureños, estados esclavistas, abandonaron la Unión después del triunfo de Abraham Lincoln, y se desató lo que fue una guerra civil cruenta, inhumana, una guerra entre hermanos, con un saldo humano de casi 700 mil muertos.  Alguien que no sabe y probablemente no le interese saber lo que fueron la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial, ni la división de nuestra sociedad en las convulsas décadas de los sesenta y setenta, cuando con sed de justicia  se luchaba contra el rascismo institucional a la vez que  las encontradas  pasiones  sobre la Guerra de Vietnam amenazaban con convertirse en una nueva guerra civil en nuestras ciudades, pueblos y campos.

No recuerdo años peores en mi propia vida en este país, como los sesentas y setentas. Asesinaron al presidente Kennedy, asesinaron a Martin Luther King Jr., asesinaron a Bobby Kennedy. Y tuvo que abandonar sus intenciones re-eleccionistas el presidente Lyndon B Johnson, y luego cayeron en desgracia y tuvieron que renunciar primero el vice presidente Spyro Agnew y luego el mismo presidente Richard Nixon. Y sobrevivimos todo aquello.

¿De qué hablan los histéricos de un lado y otro  que nos pronostican el fin del mundo si no gana el candidato que ellos apoyan? ¿Están enterados de las ciudades que ardieron, de las bombas en estaciones de policía, de la violencia de los años sesenta y setenta? Yo estaba aquí. Era un niño, un adolescente, un hombre joven entonces. Y lo vi. Lo sentí. Lo viví. Y aquí estoy. Y aquí está el país. Y es un país mejor de lo que era antes.  No me jodan con las visiones apocalípticas.

Yo creo en Estados Unidos. Creo en sus próceres, en sus grandes hombres y mujeres, con todos sus defectos, que son ampliamente superados por sus virtudes. Amo nuestra historia tan convulsa, nuestra cultura tan rica, nuestro paisaje tan hermoso, nuestro todo. Amo cada una de las cincuenta estrellas y las treces barras de nuestra bandera, que representan a la ENORME mayoría de las personas que he conocido en mi larga, feliz y fructífera vida en este país, algunas de esas personas con generaciones nacidas acá y otras, como en el caso de mi misma familia, que llegaron de otras tierras. Y todos, los de profundas raíces familiares en esta tierra y los que vinieron de afuera a convertirse en semillas, todos, TODOS, representativos de lo mejor, lo más idealista de lo que significa ser un americano.

Termino diciendo que, en especial, las campañas políticas en el sur de Florida, donde vivo, han sido repulsivas, indignantes, vulgares, sucias,  y por ende, esencialmente contrarias a todo lo noble y justo que debe caracterizar  vivir en democracia y, sobre todo, aspirar a un cargo público. 

Pero ya hablaré de eso. 


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