RECUERDOS EN UN MEMORIAL DAY.


Escrito el lunes 25 de mayo de 2020.


Ayer estuve buscando en Google los nombres y fotos de jóvenes que conocí que murieron en la Guerra de Vietnam. Iba a escribir algo de ellos, pero desistí. Me invadió la sensación de que estaría usando sus nombres, sus rostros, sus historias indebidamente. A todos los recuerdo en este Memorial Day, este Día de los Caídos. Algunos eran mayores que yo, otros más jóvenes cuando murieron. Unos habían entrado en el servicio militar años antes que yo y otros después. Y es que la Guerra de Vietnam duró demasiado tiempo. Pensándolo bien, todas las guerras duran demasiado tiempo. Todos aquellos muchachos murieron en la plenitud de sus vidas.

A algunos los había conocido en mi barrio. A otros los conocí cuando hice servicio militar. Yo vestí un uniforme en tiempos de guerra, pero el destino, o quizás las oraciones de mi madre y de mis hermanos, o algo inexplicable, me mantuvo lejos de donde sonaba la metralla. Y no es que sufra de un complejo de culpabilidad, pero siempre he pensado que la guerra se llevó a muchos jóvenes que eran mejores personas que yo y que tenían tanto derecho como yo a disfrutar de una larga vida. Decidí no escribir de cada uno de esos muchachos, pero tuve que hacer una excepción. Es casi como una deuda que tengo, algo en que no he dejado de pensar todos estos años y que tengo que sacarme de adentro.

Una de las fotos, uno de los nombres que encontré, me ha conmovido en especial. Parece un niño aquel amigo, cuyo nombre me reservo. Y es que era apenas un adolescente cuando cayó en combate. Su vida fue corta, pero intensa, sobre todo en el poco tiempo en que se tocó con la mía. En solo cuestión de semanas fui a su boda y luego fui a su entierro en Massachusetts, donde formé parte de la escolta militar de honor y le entregué la bandera que se usó en la ceremonia a su viuda. Meses después, ella daría a luz. Aquellos muchachos habían apresurado la boda porque ella estaba embarazada y él había recibido órdenes de traslado al teatro de guerra. Aquel amigo murió en combate poco después de llegar a Vietnam.

Yo me juré a mi mismo que algún día le contaría a su hijo como había sido su papá cuando yo lo había conocido. Inteligente, alegre, lleno de sueños, entusiasmado porque iba a nacerle un niño. Pero es un juramento que no cumplí. Le perdí el rastro a la viuda, que se mudó con su hijito a Canadá poco después de que naciera el niño.

Años después, en 1982, cuando vivía en Washington, develaron el monumento a los Caídos en Vietnam. La ceremonia fue un sábado de noviembre, muy gris y frío. El noticiero en que yo trabajaba no se transmitía en el fin de semana y yo tenía el día libre. Fui a la ceremonia como un ciudadano más, a rendir tributo a los caídos. El monumento de los Caídos en Vietnam es una sobria pared de mármol negro, en que están grabados los nombres de quienes entregaron sus vidas en aquella guerra. Vi en esa pared los nombres de muchachos que yo había conocido. También me encontré con algunos amigos míos y con familiares de los caídos que habían sido parte de mi vida. Aquello fue muy emotivo. Pero no vi a nadie de la familia de aquel muchacho a cuya boda y entierro asistí cuando yo también era apenas un adolescente.

Esa tarde, en el noticiero de la Cbs, pasaron un conmovedor reportaje de la ceremonia en el Monumento a los Caídos en Vietnam. Fue realizado por Bruce Morton, uno de los mejores periodistas que ha habido en la historia de la televisión de este país. Morton, en su tiempo, era considerado como el más excelente escritor entre los reporteros de la Cbs. Al igual que me ocurrió en la ceremonia en el monumento, aquel reportaje me sacó lágrimas.

Días después, de casualidad me encontré con Morton en una calle de la zona de Capitol Hill. Caminaba por la acera en que yo me dirigía a la redacción de la Cadena SIN, donde trabajaba como corresponsal. Yo no suelo comenzar conversaciones con personas que no conozco y mucho menos si son famosas. Pero no pude evitar saludar a Morton y decirle que siempre había admirado su trabajo y sobre todo aquel reportaje sobre la inauguración del Monumento a los Caídos en la Guerra de Vietnam. Bruce Morton me dio las gracias. Me dijo que él se había sentido muy emocionado durante la ceremonia.

Meses después, me toco hacer un reportaje a mí frente al Monumento de los Caídos en Vietnam. Se discutía en el Congreso el tema de los desaparecidos en la guerra, cuyos restos nunca habían sido regresados a Estados Unidos. Se creía que el gobierno de Vietnam tenía conocimiento de donde estaban sepultados los restos y se buscaba la manera de lograr que las osamentas fueran regresadas a Estados Unidos, algo que ocurrió eventualmente. También había quienes creían que algunos de los desaparecidos estaban vivos en campamentos de prisioneros de guerra, algo que no resultó ser cierto.

Muchos familiares de aquellos militares ''missing in action''-perdidos en combate- viajaron a Washington durante aquellas discusiones en el Congreso. A mi me tocó entrevistar a una señora puertorriqueña residente en Nueva York cuyo hijo, un soldado de solo 19 años, había desaparecido en la guerra. La entrevisté frente al Monumento de los Caídos en Vietnam. Aquella mujer, que había viajado sola a la capital, había querido que la entrevista fuera allí, frente a aquella pared de mármol, llena de nombres entre los cuales no estaba el de su hijo.

Era una mujer muy pequeñita, que trabajaba de costurera, según me dijo. Yo, al conocerla, pensé que aquella mujer humilde tenía la belleza, elegancia y elocuencia de la verdadera aristocracia que conforman las personas de buen corazón. Me dijo cosas impactantes. Me dijo que ella rezaba todas las noches por las madres de todos esos caídos cuyos nombres estaban grabados en la pared de mármol frente a la cual hablábamos porque no hay dolor más profundo que el de una madre que pierde a un hijo. Pero me aseguró que ella estaba convencida de que el nombre de su hijo jamás estaría grabado en aquella pared. "Yo todas las noches lo sueño vivo,'' me dijo. "Sé que lo van a encontrar con vida."

Nunca más vi a aquella mujer. Poco después de entrevistarla, me mudé de Washington y mi trabajo de periodista me llevó por otros caminos del mundo. No me acuerdo de su nombre, pero sí de sus palabras, su voz y su rostro. Quizás el reportaje que le hice hace tanto tiempo esté en los archivos de lo que hoy en día es la Cadena Univisión.

Estas son dos historias inconclusas mías de este Memorial Day en que, debido al encierro por la pandemia, no habrá desfiles ni ceremonias para honrar a los caídos. Pienso hoy en el huérfano a quien nunca le dije que su papa era un gran tipo y en aquella madre que quizás se despidió de este mundo convencida de que su hijo desaparecido en la niebla de la guerra aún estaba vivo y volvería poder abrazarlo. El tiempo se llevó a los protagonistas de estas historias, pero ellos quedan en mi memoria.

Rindo hoy tributo a todos los caídos en guerra y a todos quienes les lloraron y les lloran.

Y para concluir, les cuento que pude rescatar en You Tube aquel emotivo reportaje del periodista Bruce Morton. Me ha conmovido tanto como la primera vez que lo vi hace tantos años. Aquí se los dejo.


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