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LA NOCHE QUE MATARON A JOHN LENNON. EL CUBANO QUE FUE TESTIGO DEL ASESINATO.

Updated: Mar 19

Un cubano, veterano de la Brigada 2506, fue testigo ocular del asesinato de John Lennon hace 40 años. Siempre quise hablar con José Sanjenís Perdomo, portero del Edificio Dakota, Nunca pude. Más adelante les hablaré de él. Pero quiero ahora contarles como viví aquella trágica experiencia del vil asesinato.

Fue la noche del lunes 8 de diciembre de 1980. Yo veía por televisión en ´´Monday Night Football´´ en mi casa en Connecticut un sensacional partido de fútbol americano que se jugaba en Miami entre los New England Patriots y los Miami Dolphins. Quedaba menos de un minuto para que terminara el juego, que estaba empatado. New England se preparaba para patear un ´´field goal´´ y romper el empate.

De pronto, escuché a uno de los narradores del partido, el legendario Howard Cosell, decir esto, algo nervioso y de una manera fragmentada: ´´...una tragedia que no tiene nombre, que nos acaba de confirmar ABC News en Nueva York.....John Lennon, en las afueras de su edificio de apartamentos en el West Side, quizás el más famoso de todos los Beatles, impactado de bala por la espalda dos veces...transportado a toda carrera al Hospital Rossevelt..llegó muerto.....Es difícil regresar al juego después de esto...´´

Y así fue. Junto a millones de televidentes, no pude terminar de ver el juego. Después me enteré que el intento de anotar un ´´field goal´´ de New England fue bloqueado por los Dolphins, que ganaron el partido en tiempo extra por anotación de 16 a 13.

En aquel momento, aunque muy joven, yo era el jefe de asignaciones del Departamento de Noticias de un canal de televisión de habla inglesa,en Hartford, Connecticut afiliado a la Cadena Nbc. De inmediato contacté a la redacción del Canal y hablé con el presentador, RD Sahl, que ya estaba enterado de la noticia, que por supuesto encabezó nuestra emisión de las 11 de la noche. Contacté entonces a un reportero, Gerry Brooks, y a un camarógrafo para que se trasladaran a Nueva York temprano en la mañana siguiente para dar seguimiento desde allí a la noticia en las emisiones del martes y días posteriores.

Recuerdo dos llamadas que recibí al día siguiente. Una fue del mismo Gerry Brooks, antes de las seis de la mañana, momentos antes de emprender viaje a Nueva York, que está a unas dos horas de Hartford. Gerry me dijo que no pudo dormir. Y que al verse en el espejo en la mañana, por primera vez en su vida le sobrevino una sensación de su propia mortalidad ante la muerte tan violenta, abrupta e inexplicable de uno de sus grandes ídolos. Me dijo que no quizo ponerse corbata. Nuestro canal tenía un código de vestuario muy riguroso para sus reporteros y presentadores. Me dijo Gerry que, que sabía que eso de negarse a usar corbata ese día era absurdo, pero que no podía reportar sobre la muerte de John Lennon con una corbata puesta. Yo le dije que no me parecía nada absurdo aquello. Le dije que quizás una manera sincera de honrar a alguien que rompió tantos esquemas como John Lennon era precisamente con un acto simbólico como ese. Aquel día yo también fui a trabajar sin corbata.

La otra llamada que recibí fue de Brad Davis, un amigo que era presentador de la estación radial de rock WDRC. Brad había entrevistado a los Beatles en más de una ocasión. Conocía personalmente a John Lennon. Me preguntó al aire como era que mi noticiero daría seguimiento al asesinato de John Lennon la noche anterior. Le conté de nuestros planes de cobertura y de mi conversación esa mañana con el reportero Gerry Brooks antes de que partiera hacia Nueva York. Brad me preguntó entonces como me había impactado a mi la noticia. Solo atiné a decir ´´Lennon was much more than a singer to me, Brad.´´ Para mi, Lennon era mucho más que un cantante, Brad.

Pensé después que aquella había sido una respuesta casi sin sentido. Pero con el tiempo, me he dado cuenta que aquellas palabras de verás si expresaron mis sentimientos. Lennon fue mucho más que un cantante. Y fue más que un gran compositor, y más que un maestro en otras expresiones del arte en que se destacó, como el dibujo, la pintura, la actuación y hasta la literatura, ya que escribió cuentos maravillosos. Era genial en todo eso. Pero más que ello, fue un símbolo de una rebeldía sin crueldad, que hoy día me parece que hasta rayaba en la inocencia. Al igual que el reportero Gerry Brooks que me dijo que por primera vez en su vida se percibió de su propia mortalidad cuando se dio cuenta de lo que significaba el asesinato de John Lennon, yo también admiré mucho al primero de los Beatles que nos dejó. Reconozco que no era perfecto. Junto a su enorme talento, Lennon tenía muchas imperfecciones de carácter. Pero así somos todos.

Pero regreso al comienzo de este relato. José Sanjenís Perdomo, un ex policía cubano, era el portero del edificio Dakota en la noche en que fue asesinado John Lennon. Sanjenís Perdomo conocía ya de vista al asesino de Lennon, Mark David Chapman, que en más de una ocasión había estado frente a una de las entradas del Dakota. La noche del asesinato, Chapman le había pedido un autógrafo a Lennon, cuando salía el músico del edificio junto a su esposa Yoko Ono . Luego Chapman se quedo allí, esperando a que Lennon regresara. Durante el tiempo en que esperó, estuvo conversando con Sanjenís Perdomo. He leído incluso que hasta hablaron de Cuba y la Invasión de Playa Girón.


Al regresar Lennon al Dakota, Chapman esperó a que le pasara de lado y, según contó Sanjení Perdomo, asumió una pose militar, sacó un revolver calibre 38 e hizo cinco disparos, cuatro de los cuales impactaron a Lennon por la espalda, no solo dos, como reportó primero Howard Cosell. Chapman entonces lanzó el revolver al piso y se quedó allí. El cubano Sanjenís Perdomo le gritó ´´¿Sabes lo que has hecho? Y Chapman repondió con absoluta calma, ´´Sí, maté a John Lennon.´´

Fue Sanjenís Perdomo quien identificó a Chapman como el asesino de Lennon, cuando llegó la policía. Hay mucho más que pudiera contar sobre el asesinato de John Lennon. Pudiera entrar en detalles sobre como Chapman, el día antes de matar a Lennon, se encontró en una estación del subway con el cantante James Taylor y lo abordó y le habló de una forma incoherente sobre como suestamente aspiraba a la fama. Pudiera contarles también como Chapman, en la mañana de la muerte de Lennon, se paró frente a la niñera de Sean Lennon, el hijo de John, que solo tenía cinco años, y que había sacado el niño a caminar y le dio la mano al pequeño. Pero esto se hace largo. Quizás en otra ocasión, abordaré de nuevo el tema-

Por ahora, concluyo diciendo que traté de buscar a Sanjenís Perdomo para que me contara de primera mano sobre aquella noche trágica. Nunca logré encontrarlo. Es como si se hubiera desaparecido. Y ya es muy tarde para aquella conversación que no pude tener. José Sanjenís Perdomo murió hace varios años.

Hoy, en este 40 aniversario del asesinato de John Lennon, recuerdo al gran artista. Si no fuera por la pandemia, estaría yo hoy en el Strawberry Fields, en el Parque Central, a pasos del Dakota, en homenaje a John Lennon. Pero no me queda otra opción que salir a la calle hoy sin corbata, con una boina como la que usaba a veces Lennon, y con unas gafas oscuras como las que popularizó hace tiempo, cuando yo era tan joven y el mundo me parecía menos complicado, más generoso, más amable. Un infantilismo mío, quizás, esto del disfraz a lo Lennon. Pero es que yo perdí parte de mi inocencia la noche que mataron a John Lennon. Y hoy, por alguna razón, pienso que la recupero un poco.


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