LA MAYORIA QUIERE TRABAJAR, NO DEPENDER DE LOS POLITICOS.

Updated: Apr 24

Escrito viernes 17 de abril del 2020


Yo he trabajado toda mi vida. A los 10 años, repartía periódicos. Durante mi adolescencia, fregué platos y limpié oficinas hasta que, a los 19 años conseguí un empleo en una pequeña fábrica, mientras estudiaba. Todavía soy amigo de mi jefe en aquel lugar, Tony, un ex marine italo-americano que trataba a sus empleados con decencia y respeto y que vive jubilado aquí en Florida.

Luego ingresé de voluntario en las fuerzas armadas, donde cumplí modesto servicio militar nada heroico, pero voluntario y honorable. El único sueldo que he recibido del gobierno fue como militar en servicio activo. La única ayuda que he recibido del gobierno fue a través del GI Bill, el programa de asistencia a los veteranos en el pago de sus estudios universitarios.

Desde que soy periodista, hace décadas, no he estado desempleado un solo día. Nunca me han echado de un trabajo, pero he renunciado a varios -muy bien remunerados, por cierto- por no estar de acuerdo con políticas editoriales. He tenido la suerte de ser inmediatamente contratado por otros medios. Pienso ser productivo mientras me lo permita la salud, y si puedo hasta el último día de mi vida.

No digo esto como alarde. No me considero un ejemplo a seguir. También puedo decir que jamás me he considerado víctima. Simple y sencillamente soy un ciudadano más de este país, que al igual que la mayoría siempre ha tratado de cumplir con sus obligaciones y de vivir con ética, principios y honor. Eso lo aprendí de mi familia, de mis maestros, de mis vecinos, lo aprendí de la gente que siempre he admirado, la gente decente, trabajadora, responsable. De muy joven en el norte de este país viví entre gente así, en su mayoría estadounidenses nacidos acá o ciudadanos naturalizados, muchos de ellos inmigrantes y descendientes de inmigrantes de Italia, Irlanda, Polonia, Canadá y otros países. Vivo desde hace mucho tiempo en el sur de Florida entre gente de otras raíces étnicas, en su mayoría inmigrantes latinoamericanos o descendientes de ellos, pero exactamente igual en su manera de ser que aquella gente admirable que pobló mi juventud, gente decente, trabajadora, responsable.

Estoy convencido de que la grandeza de este país se debe en gran medida a que la inmensa mayoría de la población tiene valores morales, afán de superación y ética de trabajo. Estoy convencido de que los vagos, los tramposos, los inmorales y los deshonestos son una minoría. Por eso confío en que como nación, como sociedad, no solo vamos a superar esta crisis sanitaria y económica, vamos a surgir fortalecidos. Y estoy convencido de que sí hay un lugar en todo el territorio estadounidense donde eso se va a lograr, ese sitio es esta punta de península que llamamos el sur de Florida.

Esta es tierra de gente valiente y luchadora, acostumbrada a vencer obstáculos. Aquí vivimos entre cubanos, venezolanos y nicaragüenses que tuvieron que salir de sus países secuestrados por el comunismo para tener que comenzar desde cero, aquí estamos rodeados de colombianos, argentinos, ecuatorianos, haitianos, brasileños, mexicanos, dominicanos, gente de toda América Latina y de todo el mundo que privilegia a nuestro país por haber venido a lograr sus sueños acá y que con su sudor, con su talento, con su decencia, su laboriosidad, su responsabilidad enriquece a la nación que los ha recibido. Ni el Covid-19 ni la crisis económica van a derrotar a nuestro país ni a nuestra comunidad local.

En todo Estados Unidos, pero sobre todo en el sur de Florida abunda el espíritu de lucha. Al igual que cuando era adolescente en el norte de Estados Unidos jamás viví en un vecindario donde la gente no se levantara temprano para ir a trabajar, esa ha sido mi experiencia desde que regresé a Miami. Mis familiares, mis amigos, mis compañeros de trabajo, mis vecinos son personas decentes que se ganan la vida con su propio talento y sudor.

En mis primeros años en este país, yo viví en Miami , entre cubanos exiliados que madrugaban para ir a hacer trabajos agrícolas en Homestead o en factorías en Hialeah. Algunos de ellos habían sido prominentes profesionales y empresarios en Cuba. Luego, cuando mi familia se mudo al norte, pasé mi adolescencia en un vecindario en que predominaban los cabezas de familia que eran veteranos de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra de Corea y que en dignos oficios como albañiles, trabajadores de construcción, camioneros y obreros de fábrica podían ser parte de una sólida clase media, propietaria de su vivienda, con capacidad de ahorro, sin ansiedad económica y con la certeza de que sus hijos vivirían mejor que ellos.

Más de que lo que pude aprender en estudios, en viajes, en lecturas y experiencia profesional, la lección más importante de mi vida ha sido que la mayoría de la gente es buena y quiere triunfar sin trampa, pero que necesita y merece oportunidades. Yo no estoy tan seguro de que nuestra clase política esté muy consciente de eso. Y pienso que en este proceso de recuperación que se avecina hay que exigirle a esa clase política que se ponga a la altura de quienes dicen representar.

Nuestra política en el sur de Florida está manchada de mediocridad, vulgaridad y corrupción. Hay excepciones, pero abundan los políticos de pobre discurso, huérfanos de ideas e ideales y con una absoluta falta de auténtica voluntad de servicio, acompañada de una incapacidad atroz para lograr soluciones y resolver problemas. Eso tiene que cambiar con la nueva era que nacerá cuando comience la recuperación económica,

Esta crisis ha revelado la fragilidad de esta economía del sur de Florida, que se sostiene sobre un hipertrofiado sector público y un sector privado donde la meta parece ser mantener una fuerza de trabajo mal pagada y evitar que se radiquen acá empresas con salarios decentes,y con un amplio segmento de la población laboral condenado a tener que apenas sobrevivir en una economía informal donde no hay derechos ni posibilidades de progreso. Eso no tiene nada que ver con el Great American Dream.

Aquí en el sur de Florida sobran las historias de empresarios que han triunfado en buena lid. Abundan los académicos, expertos financieros y banqueros que conocen perfectamente como debe funcionar bien una economía capitalista. Aquí hay mucha gente ilustrada que sabe muy bien que si hemos de aprender lecciones de lo que es el verdadero progreso económico sostenido, la escuela no está en China Comunista, sino aquí mismo en nuestro país. Y si hay que aprender de modelos foráneos, hay que buscarlos quizás en Taiwan, Corea del Sur y Singapur, donde hay progreso y modernidad sin dictadura. Esa gente con verdadera preparación y conocimiento sobre la economía tiene que salir a la palestra. Y los votantes del sur de Florida tenemos que hacerles saber a los políticos locales que en esta comunidad donde hay tantos exiliados del comunismo no vamos a tolerar que continúen los obscenos peregrinajes a China Comunista.

No podemos seguir con una economía regional donde el empleo público juega un papel tan preponderante, como si Miami Dade fuera parte de un país socialista.No se puede permitir que el importante renglón de los bienes raíces de lujo del sur de Florida dependa tanto de dinero extranjero de dudosa procedencia. No podemos continuar sin que no haya una clara prioridad de las entidades gubernamentales de atraer el tipo de inversión que genere empleos de clase media en el sector privado.




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