EL MARTÍ QUE CAMINA ENTRE NOSOTROS

Se conmemora hoy un aniversario más del natalicio de José Martí, el más grande de los cubanos. Para mi, esta siempre ha sido una fecha importante.


Yo tuve el privilegio de nacer en un hogar, en una familia, martiana. De muy niño me inculcaron venerar al Apóstol. Y así lo he hecho a lo largo de una vida casi toda físicamente lejos de Cuba, pero muy cerca a ella en el pensamiento. Más que geografía, paisaje y clima, más que presencia, la Patria es un compromiso, un amor apasionado y tierno a la vez , por la historia, la cultura, las tradiciones, los valores de la tierra en donde se nace. Aprendí eso de Marti, un cubano de primera generación que entregó su vida por aquel lugar donde en realidad pudo vivir por tan poco tiempo. Dos veces tuvo que marchar al destierro José Martí. Fue largo su recorrido por los caminos del mundo hasta regresar a Cuba a morir en combate cuando tenia solo 42 años.


Desde niño, leo incesantemente a Martí, su poesía, ensayos, discursos, crónicas y hasta sus cartas. Pero no soy un catedrático experto en su vida y obra. Simplemente me conformo sabiendo que humildemente he tratado de ser martiano en mi sentimiento y conducta ante la vida. Martí no solo nos enseñó a amar y luchar por una Cuba grande y libre. Nos dijo que se hace patria siendo decente, ético y consecuente.


Al igual que Martí durante tantos años, al igual que muchos de ustedes que quizás lean esto, a mi me ha tocado vivir en la lejanía de una Cuba sembrada en la memoria y en los sueños. No es que no ame al país que me acogió como madre piadosa que da amparo a un niño de la calle. En realidad me siento muy de acá, donde he vivido feliz por tanto tiempo, pero no dejo de sentirme de allá, donde nací. Aprendí mucho de que esos no son sentimientos encontrados leyendo leyendo lo que dejó escrito Martí sobre su paso por España, Venezuela, Guatemala y México y largos años en Nueva York. Martí agradeció y amó profundamente a todas las tierras donde encontró refugio.


Y es que aprendí tanto de Martí. Aprendí que además del amor a la libertad y a la Patria hay que amar la virtud y el honor y hay respetar la dignidad del prójimo. Aprendí de Martí que hay que vivir aferrado a ideales, principios y sueños nobles.


Martí es un gigante de la historia que hizo de su pluma y palabra armas más poderosas que la espada y el cañón y logró convocar a un pueblo a aquella guerra justa y necesaria como la llamó. Fue fiero defensor del ideal de independencia, pero jamás sintió ni alimentó el odio al enemigo. En su literatura fue capaz de la más sublime expresión de lo bello y tierno de la condición humana. Amó y disfrutó la vida y no dejó de cantarle en su arte. Que ejemplo heroico que aquel hombre de tan elevado espíritu entregó su vida en el primer combate armado que libró.


Murió de cara al sol, como dijo en uno de sus versos. Pero más que ello, vivió así. Vive así en quienes lo vemos como una presencia, como un amigo que nunca nos ha abandonado.

Hoy es un día glorioso. Un día como hoy, en una humilde casa en la habanera calle Paula, nació José Martí.


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