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ALERGIAS, PASTELITOS DE GUAYABA Y TOMEGUINES DEL PINAR.

Updated: Nov 13, 2020

Un cuento escrito en enero de 2010.

Es de tarde en Miami. Viajo en mi carro hacia una cita de negocios. Pero me sobra el tiempo. Veo el letrero de un lugar en un ´´strip mall'' -un pequeño centro comercial- que se anuncia como repostería, panadería, pizzería y restaurante. Todas esas cosas a la vez. Me parece simpático eso. ¡Caramba, que versatilidad! Tengo un poco de hambre y me entra un deseo incontenible de comerme un pastelito de guayaba cubano. Se me antoja que en ese lugar hacen buenos pastelitos de guayaba. Entro al pequeño lote de estacionamiento del ´´strip mall.´´Estaciono el carro. Entro al lugar. Se llama “La Casa de Pancho.”

Hay una de esas grandes  vitrinas de repostería en el mostrador llena de pasteles de guayaba, pasteles de carne y ´´bocaditos cubanos,´´ unas delicias, que son como unos pequeños sanduches hechos con una pasta exquisita.  Se ven bellas todas esas golosinas,  como si fueran finas joyas de Tiffany´s  o unas pequeñas esculturas. Tienen buen color, buena forma. El repostero que hizo lo que veo a través del cristal es un artista. Aquello seduce.

En el pequeño lugar, hay tres mesas con cuatro sillas cada una, pero están vacias. La persona detrás del mostrador  es un joven, de menos de 30 años. Por su forma de hablar, me doy cuenta que es un cubano criado en la isla, quizás recién llegado a Miami. Conversa con otros dos cubanos que están del otro lado del mostrador.  Se parecen mucho, pero uno es cuarentón largo y el otro no pasa de los 25. Por la conversación que escucho -y es inevitable que la escuche, porque hablan en tono amable, pero muy alto- me entero que son padre e hijo. Tienen unas bolsas de papel en sus manos, unos cartuchos, como decimos los cubanos. El joven detrás del mostrador les dice que no quiere comprar nada.